Número 2 | Movimiento Internacional
Entrevista con Gilbert Achcar
Autor: MAREA Socialista
25 de Diciembre de 2007
El periodista americano Seymour Hersh ha sugerido que "Fatah al-Ansar" estaba en su origen apoyado por el gobierno libanés y que esto es una especie de contragolpe.
Hay dos tipos de "teorías del complot" sobre esta cuestión en el Líbano: de un lado, las fuerzas favorables a los Estados Unidos o de la "mayoría gubernamental", afirman que los militantes de "Fatah al-Islam" están manipulados por los servicios sirios. Declaran que los recientes enfrentamientos han sido provocados para oponerse al tribunal internacional sobre el asesinato del ex primer ministro Rafik al-Hariri, que Washington, París y Londres acababan de hacer aprobar por el Consejo de Seguridad de la ONU.
Y de otra parte, están quienes, muchos de ellos refiriéndose al artículo de Hersh, que afirman que "Fatah al-Islam" ha sido manipulado por la propia mayoría gubernamental, con los sauditas y los Estados Unidos por detrás.
Sólo hay algunos hechos demostrados. Se sabe, por ejemplo, que el dirigente clave de "F a tah al-Islam" había estado precedentemente encarcelado en Siria no hay por tanto razón sólida para sospechar que el régimen sirio esté detrás de este grupo, salvo por el hecho de que la situación ha estallado justo tras el voto del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre el Tribunal internacional.
Es también cierto que este tipo de fundamentalismo sunita fanático está habitualmente ligado a fuentes sauditas, oficiales o no. Podría haber ocurrido que, en un momento dado, el bloque Hariri hubiera tenido relaciones con tal grupo fundamentalista islámico sunita, partidario de una tradición sectaria antichiíta (y que finalmente se ha adherido a Al-Qaeda), para preparar una posible confrontación total con los chiítas libaneses, que están sobretodo representados por Hezbolá. Pero de ahí a concluir que están manipulando a este grupo es dar un paso que carece de fundamento.
Cualquiera que haya sido el desencadenante de la confrontación, una cosa es evidente: esta última ha sido inmediatamente explotada con fines muy precisos. Se trataba de una parte de probar la capacidad del ejército libanés para enfrentarse a otras fuerzas, comenzando por la más fácil, los palestinos, contra los que los soldados libaneses tanto chiítas como sunitas- pueden unirse sin riesgo importante de escisión sectaria.
Por otra parte, se trataba de empujar al ejército a entrar en este campo de refugiados palestinos al norte del Líbano y tomar su control, con el pretexto de combatir a ese grupo.
Es por esta razón que en un momento dado, Hassan Nasrallah, el dirigente de Hezbolá, ha aparecido diciendo que consideraba la penetración del campo por el ejército libanés como una "línea roja".
Porque se ha dado cuenta de que este campo palestino se había convertido en una prueba para medir la capacidad del ejército libanés para poner en marcha una tarea que forma parte de la Resolución 1559 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (apadrinado por Washington, Londres y Paris en 2004) que llama al desarme a la vez de los campos palestinos y de Hezbolá.
Nasrallah se ha dado cuenta de que la batalla de Nahr el-Bared no era sino un primer paso en el camino que conducirá finalmente a combatir a sus propias fuerzas. Esto se ve claramente si observamos la solidaridad activa con el ejército libanés que esta confrontación ha suscitado: Washington envía armas, y pide a sus aliados que proporcionen todo el material que necesite el ejército libanés.
Más en general, ¿cuál es la situación actual, cuando nos acercamos al primer aniversario de la guerra del año pasado? ¿Ha habido modificaciones desde el alto el fuego?
No, ha habido un estancamiento total. La situación está en un punto muerto, lo que significa que es tensa y peligrosa. Durante meses, el país ha estado al borde del estallido sectario, lo que podría desencadenar nuevos combates sangrientos, incluso una nueva guerra civil.
La estrategia de Hezbolá ha estado completamente atascada. Es un resultado de las limitaciones inherentes a su visión confesionalista de las cosas, a su concepción del reparto del poder entre comunidades confesionales y bloques de poder existentes. Por una serie de posiciones torpes, en las que su alianza con la dictadura siria ha jugado un papel importante, han reforzado la división sectaria actual en este país entre chiítas y sunitas.
En un momento dado, al comienzo de la ofensiva israelí del verano pasado, pareció que había una reducción del sectarismo confesional.
Sin embargo éste ha vuelto rápidamente y con fuerza. La naturaleza confesional de Hezbolá ha hecho que haya sido fácil para el campo Hariri explotar de forma muy abierta los sentimientos sectarios de los sunitas. Es así como toda la situación se ha atascado y la oposición ha perdido la iniciativa política que tenía cuando comenzó su movilización al comienzo del invierno pasado.
El Hezbolá chiíta y Amal, el general maronita Aoun y muchas otras fuerzas más pequeñas. En términos confesionales, esto significa una mayoría aplastante de chiítas más una fracción bastante importante de cristianos, en alianza contra la mayoría de los sunitas, más la mayoría de los drusos y otra parte de cristianos. Es la configuración de fuerzas en el Líbano tal como está actualmente tan confesional como era en el punto culminante de la guerra civil.
Entrevista realizada el 6 de junio de 2007. Publicada en a l´encontre el 22 de junio de 2007